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jueves, 11 de marzo de 2010

walking alone


Silencioso. Tímido. Meciéndose al viento como un estandarte perenne de la amistad. Creando profundos surcos en las vidas de quienes le rodean, como el caminante deja huellas en la orilla del mar. Ese mar que mira con ojos claros, limpios y transparentes como sólo pueden tenerlos quienes no ocultan nada, aquellos en cuyo corazón no anida el mal, sino el bien. Y él es así. Parte del Bien en este mundo que parece condenado a dividirse y enfrentarse.

Se enfrenta solitario a sus pesares con una sonrisa en los labios que siempre le acompaña, aunque sus ojos se muestren huidizos, tímidos. Aunque lo oculte, como quien se aleja caminando lentamente con las manos en los bolsillos. Disimulando una verdad que todos conocemos. O al menos quienes le conocen en realidad. Mostrando la más amplia de sus tristes sonrisas. No sus risas que acompañan las noches, y no tan noches, como faros que iluminan su alegría. Una alegría que comparte con los demás, tiñéndola, a veces, de un pesimismo que no le corresponde. Creyendose perdedor de batallas infundadas creadas por amigos burlones de sus derrotas buscadas y encontradas. Él aspira a otras victorias, más grandes, más loables, más heroicas que las ganadas en pequeñas reyertas nocturnas en las que actua de compañero fiel. De leal escudero sin adelantarse en la liz buscando una victoria que, algo me dice, no desea del todo.

Pero, sobre todo, es un compañero presente siempre. Y tal vez eso sea lo más importante de él. En lo bueno está con su sonrisa y su risa, en lo malo con su presencia. No necesita de palabras, es hombre solitario, y tampoco las da en exceso, sólo las necesarias y ni estas. Como si observase las olas romper en la orilla de su playa, acepta los errores y los arropa con su silencio, acompañando y respetando.

Y demasiadas palabras escribo ya para alguien que no las quiere. Y más aún porque, en mi caso, solo se necesitan dos para definirlo completamente: Amigo, hermano.



Texto: Javi Fornell
Fotos: Mutambo

lunes, 18 de enero de 2010

El hombre dormido


  Tumbado entre las ramas secas, remojado en un charco de agua limpia. Como quién duerme asustado y recogido sobre sí mismo. Presa de un sueño eterno que le aleja de la realidad del ser. Tumbado entre rastrojos, ajeno al mundo que le rodea. Agua clara caída del cielo. Que remoja su piel sin despertarlo. Hombre dormido. Hombre muerto. Tumbado en la hierba seca del húmedo invierno. Piel resquebrajada por el paso del tiempo sobre el cuerpo inerte. Vida y muerte unida en regueros de serrín podrido. Tronco viejo, caído, raído. Tumbado entre hojas secas. Muertas. Anegadas en charcos de lluvia caída como lágrimas lloradas por el cielo.

  Árbol convertido en hombre. Dormido. Escondido de sí mismo. Asustado de un mundo que se deshace a su alrededor. Que se abre para engullir a sus hijos más necesitados. Que inunda con sus lágrimas las tierras ayer secas. Y, junto a él, la sombra verde del brote que nace: esperanza que agita al hombre dormido, que se despereza entre hojarasca. Hombre dormido que despierta ante la calamidad.




Texto: Javi Fornell
Foto: Mutambo

jueves, 17 de diciembre de 2009

Spikes in the wind

Vaivén de colores pardos. Otoñales. Mecidos hasta volar del tallo. Hueso desnudo que queda solo, moviéndose lentamente, despidiéndose de espigas que aletean en el viento, que las lleva por el cielo en busca de caer en la nada. Vida parda nacida de la muerte del otro. Espiga que se pega a la ropa del caminante. Espadas diminutas que se clavan en corazas de tela. Mano extendida que roza con la yema de los dedos el cálido recuerdo de la niñez. Que arrastra a las diminutas espigas al viento. Que las mata y las renace. Vaivén de colores pardos. Otoñales. Como los recuerdos que nacen de su roce. Recuerdos del ayer, del siempre.





Texto: Javi Fornell

jueves, 26 de noviembre de 2009

Clean Look

 Al mirar los ojos francos de Luna y Lula no puedo dejar de pensar en miradas. En las miradas que se cruzan con las nuestras. Tristes, alegres, pensativas, sinceras, limpias y sucias. Envidiosas o rastreras. Ojos que dicen ser espejo de un alma del que carecen los animales, por eso nosotros somos humanos, diría alguno, y ellos solo animales.  Pero su mirada es limpia, un remanso de paz frente al odio y la sin razón que muestran muchos ojos humanos. Espejos de almas manchadas por los pecados del siglo XXI: la avaricia, la competitividad, la envidia,… 





¡Quién fuera perro! Quién mostrase en sus ojos ese remanso de paz. Hay quien lo hace, personas que se cruzan en nuestras vidas y que siempre están cuando las necesitas, a tu lado. Sin importar que antes tú no te hubieras comportado como un buen amigo... Esas personas, acaban siendo centro de todo y todos. Cómo un imán que empuja al grupo hacia el núcleo de un mundo que es ella. Que nos obliga a rotar alrededor de un astro rey convertido en luna, la blanca dueña de la noche que ilumina nuestras vidas, como un faro alertando del peligro al navegante.

Personas que se convierten en puerto seguro en el que nuestras naves pueden descansar. En remansos de paz bañados por miradas tenues, pero tan vivas que no podrías vivir sin ellas.









Texto: Javi Fornell
Fotos: Mutambo




lunes, 16 de noviembre de 2009

The flickering light bulb

Pasos silenciosos, pesados, caminos que ascienden o bajan bajo la parpadeante mirada de la bombilla desnuda. Las sombras se alargaban en la escalera, subiendo escalón a escalón, camino de una casa cualquiera. La bombilla encendida en la pared, sin lámpara que la cubra, parpadeando en la oscuridad del rellano. Encendiéndose a cada entrada o salida. Guardián luminoso de vidas. Vidas tristes, como la luz que las observa e ilumina. Vidas que parpadean a cada paso, entre crisis eternas. Vidas que sueñan con luces que no parpadeen, que no dejen sombras mientras suben las escaleras de su semioscura existencia. 

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Texto: Javi Fornell
Fotos: Mutambo

domingo, 1 de noviembre de 2009

Mushrooms

Entre las sombras de los árboles, allí donde la humedad se hace más constante, van naciendo lentamente esos pequeños seres vivos prestos a morir. Agrupadas, unas junto  a otras, como amigos que no necesitan palabras para saber que el otro está a su lado. Y puede que sea así, amistades reales que se esconden entre el césped, como los amigos se esconden en pequeñas rendijas de nuestra vida.
Y es que caminamos por bosques, sombríos o luminosos, pasando al lado de muchas setas sin detenernos, hasta que encontramos las que llaman nuestra atención y, entonces, nos agachamos y las recogemos, y las incluimos en nuestro cesto, enriqueciéndonos camino de ese mercado que es el vivir.
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Texto: Javi Fornell
Fotos: Mutambo